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​Cuando los comités de auditoría se hacen de la vista gorda, ‘’no oír ningún mal’’ desde la auditoría interna

He estado muy fascinado por las dinámicas entre la auditoría interna y los comités de auditoría a quienes reportan. Déjenme decir desde el principio que yo creo que la vasta mayoría de los comités de auditoría son diligentes en su supervisión. Sin embargo, como compartí en mi blog en el año 2015, hay muchísimas instancias donde los comités de auditoría están poblados con miembros quienes no son tan consientes como deberían serlo en sus roles de supervisión.

En Extraordinary Circumstances (Circunstancias Extraordinarias) el fascinante relato de Cynthia Cooper sobre el papel de la auditoría interna en desentrañar el fraude de informes financieros en WorldCom, ella describe los desafíos que tuvo en asegurar una audiencia con el comité de auditoría de la compañía para que pudiera compartir los resultados de la auditoría interna. Después de una prolongada postergación por el presidente del comité de auditoría, su paciencia finalmente se agotó. En una línea digna de una película de Clint Eastwood, ella le envió un mensaje al presidente del comité diciendo que, ‘’Si no llama a reunión hoy, voy a agarrar el teléfono y convocare una yo misma’’. Como platee en una ocasión, me pregunto cuántos de nosotros tendríamos tal coraje; ¿Cuántos de nosotros alguna vez necesitaríamos llegar hasta esos extremos?

Una vez que el presidente cedió y convoco una reunión, la fuente de su desgano se hizo evidente, hablando con Cooper por teléfono más tarde ese día, el presidente la reprendió, “¿tienes alguna idea de lo que estoy a punto de hacer? estoy a punto de volar esta compañía’’. Hay algunas pocas (sino ninguna) instancias en las cuales una auditoría interna ha revelado información de tal importancia como el caso WorldCom. Sin embargo, no es la única vez que un comité de auditoría y su presidente han optado por meter sus cabezas firmemente en la arena, antes que oír información dañina e incómoda de una auditoría interna.

Como CEO del IIA, a menudo he oído lamentos de los Directores Ejecutivos de Auditoría Interna (DEA) acerca de los desafíos de desempeñar sus cargos. Basados en mis propias experiencias, rara vez me sorprendo cuando ellos citan ejemplos de la renuencia de la gerencia a oír malas noticias, si es sobre sus propias operaciones o sobre las acciones de colegas o subordinados. La vasta mayoría de los ejecutivos están en efecto dispuestos a oír la verdad, pero todavía hay muchos --- Los CEO y directores financieros incluidos --- quienes preferirían no oír las malas noticias de la auditoría interna. En contadas ocasiones, podrían prohibir a la auditoría interna la apropiada divulgación de los resultados, o podrían tomar represalias contra los DEA que lo hacen. La ‘’red segura’’ para aquellos DEA que trabajan con ejecutivos nefastos debería ser el comité de auditoría. Después de todo, la junta de directores y su comité de auditoría tienen la responsabilidad fiduciaria de cuidar a los accionistas --- ¿verdad?

Lo que me sorprende más que las historias de ejecutivos obstruccionistas, son las experiencias de los DEA cuyos comités de auditoría son reacios a oír todo lo que la auditoría interna podría tener para compartir. A veces, esta renuencia esta guiada por su deseo de evitar las malas noticias --- como puede haber sido en el caso WorldCom. En otras ocasiones, es porque su plato está desbordado y el oír incluso un riesgo más o un fallo de control simplemente no es deseable. Sin importar el motivo, un comité de auditoría desinteresado o, todavía peor, antagonista, es la última cosa que un DEA necesita.

Como compartí en un blog varios años atrás, basado en experiencias de primera mano por parte de los DEA, hay muchos ejemplos de información o resultados de auditorías internas que a veces incomodan a los comités de auditoría. estos incluyen:

  • Acusaciones de mala conducta o comportamiento inadecuado del CEO o algún otro ejecutivo.
  • Una evaluación general de que el tono corporativo desde lo alto puede ser poco saludable
  • Una incapacidad de proveer aseguramiento sobre la efectividad de los controles internos o gestión de riesgo.
  • Una afirmación de que los recursos de la auditoría interna pueden no ser adecuados, o de que las reducciones dirigidas por la gerencia han ido demasiado lejos.
  • Una acusación del DEA sobre interferencia de la gerencia con el trabajo de la auditoría interna.
  • Una discusión de los riesgos que la auditoría interna no abordará durante el próximo año debido a limitaciones de recursos y experiencia limitada.
  • Un inventario de los riesgos emergentes que deberían estar en el radar del comité de auditoría.

Es raro que el presidente o todo el comité de auditoría prevenga explícitamente al DEA de discutir estos temas. En su lugar, el limitado apetito de un comité de auditoría por tales comentarios suele estar enmascarado. Por ejemplo, si el comité de auditoría nunca pregunta al DEA sobre alguna limitación de recursos o alcance, se hace mucho más difícil que surjan los temas. Un comité de auditoría también puede limitar el potencial de malas noticias al limitar o coincidir con las limitaciones en el alcance de la auditoría interna. Por ejemplo, si el alcance de la cobertura de la auditoría interna es limitado al evaluar la efectividad de los controles financieros, el comité de auditoría probablemente querrá oír muy poco acerca de riesgos, operacionales, tecnológicos, o de conformidad a menos de que la evaluación viniera de la gerencia. Un DEA compartió eso conmigo, cuando trato de compartir sus perspectivas sobre los riesgos no relacionados con lo financiero, el comité de auditoría gentilmente le recordó que los riesgos no financieros estaban fuera del alcance de la auditoría interna.

Mi objetivo no es cuestionar al comité de auditoría o a sus asediados miembros. La vasta mayoría son muy buenos cumpliendo su papel. Pero creo que cualquier renuencia por parte de los comités de auditoría de oír/solicitar todo lo que una auditoría interna necesita decir presenta a la profesión un llamado a la acción. Debemos hacer mejor el trabajo de articular los roles que podemos representar en mejorar la gestión de riesgo y los controles internos en nuestras organizaciones. Debemos alentar a los comités de auditoría a hacer las preguntas difíciles. Cuando no lo hagan, debemos ofrecer las respuestas de todos modos. Después de todo, los comités de auditoría no sirven a los intereses de los accionistas si no buscan ver u oír el mal.

Aunque es improbable que alguno de nosotros amenace con convocar a una reunión del comité de auditoría por nuestra cuenta, no deberíamos evadir nuestra responsabilidad de mantener al comité de auditoría completa y oportunamente informado, particularmente sobre cosas que podrían no querer oír.

Recibo sus opiniones sobre este tema tan delicado.

Richard F. Chambers, presidente y CEO del Global Institute of Internal Auditors (Instituto Global de Auditores Internos), escribe un blog seminal para InternalAudior.org acerca de problemas y tendencias relevantes para la profesión de auditoría interna.